Léase mixtura, léase pastís, léase Ricard, léase Richard, léase Hamilton. No lea pastiche en sus acepciones “aburrimiento” o “situación desagradable” , puesto que esta muestra del artista británico Richard Hamilton es todo lo contrario.

Si es verdad que, como en casi toda retrospectiva, al principio nos hacen tragarnos hasta los peores garabatos (no les hice fotos por miedo a quedar en ridículo) durante el desarrollo y conclusión comprendemos el proceso creativo , la evolución de la técnica y el sentido del humor que suelen tener mis artistas favoritos.

Cuando veo una exposición y salgo con muchas ganas de trabajar en algo nuevo, cuando digo “esta obra me ha dado una idea que voy a llevar a cabo” es la mejor sensación que me regala un artista.

Como a Hamilton, me interesan mucho las noticias de actualidad (a veces más las de la prensa amarilla); me gusta tener amigos artistas con los que compartir ideas y proyectos; me fascinan las divas del cine y la moda; estudié diseño de interiores y trabajé en infografías mediante el collage…

El año pasado hice una exposición en mi pueblo y durante la inauguración vino indavertidamente a entrevistarme un canal de tv local. Mientras me hacían preguntas sobre mi estilo (entendí que se referían a con qué movimiento me identifico) yo quería responder que es en parte pop. Sin embargo, el comisario de la exposición me había dicho que no dijera “pop” unas semanas antes, así que dije lo que podéis ver en la entrevistabebo de las revistas, las películas, las noticias, etc. En definitiva, describí “pop” sin decirlo.

Me da mucha rabia que a los artistas les hagan hablar sobre sus obras y que se necesiten tantos intermediarios entre un artista y un espectador y/o coleccionista.

Tengo un libro que se titula “Coleccionar arte contemporáneo” y recomiendo mucho leerlo para entender lo complicado que es éste mundo, la de factores que intervienen en que un artista tenga éxito: amigos-contactos (de esos Hamilton tenía muchos, como podreis comprobar a través de las polaroids), comisarios, mecenas, galeristas, coleccionistas, subastas, colas de reserva de obras, etc.

Como plantea el koan –¿A qué sabe el café? Una respuesta posible es -Dame que lo pruebe. Y esto del arte es así : el espectador debe probar el café y sólo así sabrá a qué sabe ese café, pues no hay dos iguales y el sabor depende no sólo del propio café, sino de: cuánto tiempo hace que no pruebas el café, si es por la mañana, si es por la noche, si lo tomas acompañado por alguien, si estás medio dormido o eufórico…si te hacía falta. La información sobre de dónde proviene (8.000 km de distancia), cuánto cuesta (sólo el necio confunde valor y precio), cómo se cultiva, recoge, selecciona, analiza, tuesta y muele… te ayuda a apreciarlo mucho más (a eso se dedican los comerciales: conocer es desear) pero si no te sabe bien no hay publicidad que valga.

Para saber de café hay que tomar muchos cafés. Para saber qué es el arte y qué no hay que experimentar mucho arte.

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